HANGAR TABORNO

ÁREA DE CULTURA

 

PICO DE TEIDE - TENERIFE - Autor: Juan Antonio Pérez Giralda 1982 (F11 maximiza)

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El Teide es algo que los tinerfeños llevamos impregnado en la médula de lo cotidiano. Desde siempre, su figura recorta el perfil de lo permanente, de lo entrañable, de lo absolutamente nuestro.
Pero es también verdad, que esa mole omnipresente, la admiramos desde abajo, con cariño y en silencio.
En este álbum, y desde arriba, Pérez Giralda ofrece una dimensión inédita, digna de la mejor de mis envidias. No es un Teide nuevo, son simplemente los   otros Teides de cada día y de cada luz. "Pico de Teide" es todo un tributo a esta singular montaña.
He mirado una y otra vez estas fotos, y tanto entonces, como ahora estando en la cama, me impregnan las mismas sensaciones de lo grande y de solitud. Ojalá que siempre pueda ser así...

Pico de Teide, 12 de mayo de 1982

ANTONIO MACHADO CARRILLO
Director-Conservador del Parque Nacional del Teide


"El mundo termina allí, donde el mar no es ya navegable, donde se hallan los Jardines de las Herpérides, donde el Atlas, con su montaña cónica, soporta el peso del firmamento."

 Herodoto


Entre otras cosas, dos notables es esas islas. Una, que en medio de Tenerife se levanta una montaña muy alta terminada en una punta de diamante que arroja fuego como el Mont Gibel de Sicilia y que tiene quince leguas de altura, tardando en subirlo tres días...

Pierre Bergeron (1630)


El Teide termina en un cráter ancho y desgarrado, cuyos bordes quebrados no son más que ruinas en todo su entorno. El diámetro de esta espaciosa caldera es de más de seiscientos pies y alrededor de ciento veinte de profundidad. De las grietas y hoyos de su interior se escapan gases calientes y sulfurosos: los bordes de esos respiraderos están calcinados, llenos de una tierra pastosa y rojiza y colmados de materias volcánicas. Esta especie de lava no es incandescente, pero el calor que desprende nos obliga a alejarnos. Hay quien ha hecho notar que la temperatura de las fumarolas del Pico aumenta gradualmente desde hace algunos años. Si esto es así, un amargo pensamiento se liga a esta observación premonitoria, cuando se piensa en la crítica situación de los habitantes de Tenerife si el Teide despertara un día de su sueño.

Sabino Berthelot (1831)

En aquella altura es excesiva la sequedad, que apremia de tal modo la cabeza, que considero (por aquello que yo mismo experimenté), que nadie podría vivir allí veinticuatro horas. El pan fresco y otros alimentos que suben arriba, en el acto se ponen tan duros como piedra; y he visto algunos campesinos que, para poderlos comer, ponían el pan para ablandarlo, en los agujeros del fuego, que son en número infinito en aquella llanura, y también por la parte de fuera, en dirección del Levante. En esta altura, la tierra es pastosa y blanda, y de tal naturaleza que, sin darse uno cuenta, enciende los trajes, si se le acerca demasiado; y en las partes más secas, teniendo un poco la mano allí, sale agua clara y caliente.
Encima hay vientos muy fuertes y muy secos, sin ninguna humedad durante el mes de junio; de lo cual inferí que está en la parte más alta de la primera región del aire.

Leonardo Torriani (1587)

 

El Pico es una montaña sobre otra montaña. Sólo cuando se ha franqueado el Portillo y se ha entrado en su entorno circular, podemos decir que se ha llegado al pie del Pico. Es esta característica la que la diferencia de todas las demás montañas. Todo lo que ve a su alrededor, por alto que sea, parece servirle de manto, aun sin pertenecerle.

Leopold von Buah (1836)

 


¿Qué espectáculo! ¡Qué delicia! Hemos bajado al fondo del cráter, quizás más lejos que cualquier otro naturalista. En realidad, fuera de Borda y Mason, ninguno ha ido más allá del último cono. No hay mucho peligro, pero resulta cansado por el calor y el frío; en el cráter, los vapores de azufre nos agujereaban los trajes, mientras que nuestras manos se entumecían, por los dos grados Réaumur.
¡Dios mío, qué sensación, en esas alturas! Encima de nosotros, la bóveda celeste, de un color azul oscuro; a nuestros pies, viejas riadas de lava; en nuestro alrededor, aquel escenario de desolación...

Alexander von Humbolt (1869)

 


Sublime aparición, no, ¿quién me engaña
 mi corazón, mis ojos, mi estatura?
En los aires la nieve se inaugura
parto del cielo, tienda de campaña.

Bruma baja de mar los pies te baña,
nubes al sol nivelan tu cintura,
y emerge en ti, memoria de hermosura,
mi patria, oh derramada, oh santa España.

Viene la noche. El buque áncoras leva.
yo, tumbado en cubierta, el mar me eleva
y me deprime, y tu, ya sin corona,

Teide de sombra, te alzas, te hundes, hondo,
respiras pecho único y redondo
de esa gigante, espléndida amazona.

Gerardo Diego

 


La lava negra y vitrosa que se encuentra en los escarpes de las montañas está formada por capas superpuestas, las coladas oscuras y basálticas vertidas en la inmensa llanura al pie del Teide, así como los innumerables conos eruptivos que se levantan alrededor, ofrecen, ya sea por su color, ya sea por su forma, un inaudito contraste con las vivas tonalidades de las rocas próximas, que han sido lavadas y excavadas por las aguas.
El Teide está rodeado en tres de sus caras por paredones montañosos, conocidos como las Cañadas, y parece surgir de un profundo circo.
A través de la atmósfera diáfana, se diría que los objetos pierden sus dimensiones, y, al estar junto a la imponente montaña, es imposible calibrar la altura de las demás.

Karl von Fritsch (1868)
 

 

 

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