HANGAR TABORNO

ÁREA DE CULTURA

PICO DE TEIDE - TENERIFE - Autor: Juan Antonio Pérez Giralda 1982 (F11 maximiza)

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El Teide es para los canarios, y en especial para los tinerfeños, el símbolo más característico de las Islas. Desde la lejanía Tenerife es... ¡el Pico de Teide! Sobre las nubes su silueta se divisa, en toda su grandeza y esplendor, muchas millas antes de llegar a Las Afortunadas. Como reza la copla, "Tenerife es un volcán", y todo lo demás, sus valles, pueblos..., son personajes secundarios de ésta "gran apoteosis del fuego". Con sus 3.718 metros es el más alto de los montes de España. El gigantesco cono que hoy constituye el Teide es un volcán originado por innumerables y sucesivas erupciones, cuyos productos se han ido superponiendo a lo largo de los tiempos, configurando la gran caldera central de la isla de Tenerife, desde cuyo centro emerge el Pico de Teide; su cráter se apagó en 1908, en que por el Sur, surgió el Chinyero, el último volcán que asustó a Tenerife. Arriba sólo llega una flor: la violeta del Teide. A la pequeña violeta le corresponde el honor de ser la planta fanerógama que habita en mayores alturas de todo el territorio nacional.

El hombre, aunque dispone de un medio artificial para subir -el funicular-, debe seguir subiendo a pie, como lo hemos hecho todos los que se precien de conocer Tenerife, a la hora en que el Sol se despierta. Desde allí se contemplan las siete islas, o, mejor ocho, porque en algunas madrugadas, entre La Palma y El Hierro, se divisa también San Borondón, la isla fantasmagórica y legendaria de los navegantes. También, dicen algunos, en ciertos días se atisban las costas del continente africano.
En las Faldas del Piro, con embrujos de retama, Las Cañadas constituyen un paisaje lunar, con el espectáculo dantesco de Ucanca, en que los ocres y negros de las lavas contrastan intensamente con el blanco amarrillento del polvo silíceo, transportado desde el desierto del Sahara por los vientos del SO, y el color de sus tierras únicas -"Los Azulejos-", bajo una luz implacable , en un conjunto dominado por la imponente mole del Teide.

En una primera impresión es difícil percatarse de que en este entorno exista algo que no sea mineral, pero en seguida es fácil apreciar que en este desolado lugar y en todas aquellas partes donde el suelo ofrece un mínimo de condiciones aparece un mundo vegetal variado y deslumbrante, perfectamente adaptado a la exagerada sequía, a la intensidad de la luz y a las radiaciones solares y a las enormes oscilaciones térmicas.

En la breve primavera que en estas alturas se desarrolla desde finales de abril hasta mediados del mes de junio y en los escasos días en que la combinación de la temperatura y la humedad es óptima, se produce una eclosión biológica, un despertar de la vida, difícil de imaginar. LAs matas y arbustos se visten de flores abigarradas con todas las tonalidades del arco iris, en un esfuerzo apresurado de aprovechar el tiempo disponible para completar sus ciclos biológicos. El aire se embalsama de perfumes, el zumbido de los insectos polinizadores es constante. Todo lo viviente, hasta entonces aletargado por el frío, y antes de adoptar sus dispositivos de defensa ante la larga sequía que se avecina, entra en intensa actividad
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En es te cuadro majestuoso, envuelta entra calinas y reverberaciones, aparece la leyenda. Porque si en las Islas se sitúa el Jardín de las Hespérides, el monte Atlante se identifica con el Teide. Un sabio griego escribió: "La maldición de Júpiter convirtió a Atlas en un alto monte cuya cúspide se escondía entre nubes; las trenzas de sus barbas se convirtieron en fibras de nieve y hielo, y los miembros altos de su cuerpo parecían de musculatura rocosa; en torno a su cintura está el valle más hermoso del mundo..."

ALFONSO SORIANO Y BENÍTEZ DE LUGO
Presidente del Patronato del Parque Nacional del Teide

 


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